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HISTORIAS DE VIDA

Murió Tomás Felipe “El Trinche” Carlovich, prócer mítico del fútbol rosarino

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En el Charrúa, donde consiguió el título y el ascenso a Primera B en 1973, estuvo en cuatro etapas: 1972-1974, 1978, 1980-1983 y 1986, anotando 28 goles en 236 partidos.

El histórico crack de Rosario que supo disfrutar Central Córdoba en toda su plenitud falleció a los 74 años producto de un derrame cerebral tras ser víctima de una violenta y absurda golpiza por parte de un delincuente que quiso robarle la bicicleta en su Rosario natal.

El fútbol argentino está de luto. El “Trinche” Carlovich dejó de existir este viernes luego de sufrir un ridículo crimen en la Zona Oeste de Rosario. El miércoles pasado, cuando circulaba en su bicicleta en las intersecciones de Paraná y Eva Perón, un joven inadaptado le dio una cruel e innecesaria paliza para intentar sustraerle su vehículo. El malviviente interceptó al símbolo futbolero rosarino que supo brillar en los ’70 y los ’80 y le propinó un golpe que lo tumbó al suelo. El impacto de la caída fue de tal gravedad que dejó inconsciente al exfutbolista ya que le provocó una hemorragia cerebral que resultó fatal. 48 horas más tarde, Carlovich perdió la vida en el Hospital de Emergencias Clemente Álvarez de la ciudad santafesina.

¿Quién fue Tomás Felipe Carlovich? Un talento ilustre del ascenso argentino que perdurará en la memoria de todo futbolero pese a no tener registro fílmico de sus hazañas en el campo de juego las cuales trascendieron a través del boca en boca de generación en generación. Dichas anécdotas lo condecoraron como una leyenda urbana a tal punto que quienes supieron disfrutarlo en acción afirman haber sido el mejor jugador que pisó una cancha de fútbol de nuestro país, incluso por el propio Diego Armando Maradona. Todos coinciden que el Trinche fue un crack que no trascendió el éxito ya que aborrecía la disciplina necesaria que debía encarar un futbolista profesional. Nunca le gustó entrenar.

Siempre fue el Trinche. Nadie jamás lo conoció por su nombre de pila. Nunca supo el motivo que le valió hacerse acreedor de su apodo exclusivo. Carlovich, que fue el menor de los siete hijos de un inmigrante plomero croata que se radicó en Rosario, forjó su amor por la pelota en el Barrio Belgrano donde se crió toda su vida. Se inició futbolísticamente a los 15 años en las divisiones inferiores de Rosario Central donde encontraría su lugar en la cancha como volante central. A los 16 se fue a préstamo al Sporting de Bigand y se coronó campeón de la Liga del Sur. Retornó a Arroyito para debutar en Primera División cuatro años después. Sin embargo, en el Canalla jamás pudo asentarse y decidió marcharse de la Academia, hasta que recaló en Central Córdoba, la institución de su ciudad que se convertiría en su segunda casa.

Para mí, jugar en Central Córdoba fue como jugar en el Real Madrid”, confesó alguna vez el Trinche. En el Charrúa, Carlovich estuvo en cuatro etapas y disputó nueve temporadas: de 1972 a 1974, en 1978, de 1980 al 83 y durante 1986, anotando 28 goles en 236 partidos. Como frutilla del postre a su estadía con la camiseta del club de sus amores, conquistó el título y el ascenso a Primera B en 1973.  Además de regalar alegrías a quienes asistían a verlo al Gabino Sosa de Barrio Tablada -entre ellos, afirman que incluso iba Marcelo Bielsa-, también vistió las camisetas de Flandria, Colón de Santa Fe, Independiente Rivadavia de Mendoza, Deportivo Maipú, Andes Talleres Sport Club y Newell’s Old Boys de Cañada de Gómez.

El Trinche resultó ser un clásico número “5” que se hizo famoso en Rosario por patear los penales sin carrera y por sobre todo, ser especialista en caños. Su jugada más recordada fue el “doble caño”, acción en la que hacía pasar la pelota entre las piernas de sus contrarios en jugadas consecutivas. El Gráfico lo describió como “un volante central elegante, virtuoso y algo displicente. De ritmo lento, pero de razonamiento inversamente proporcional a su andar. Carlovich es algo así como el máximo exponente del arco lírico del fútbol argentino”. Su particular estilo, inspiró a Roberto Fontanarrosa quien supo plasmar sus andanzas en sus cuentos futboleros.

Siempre recibió elogios por parte de todas las principales figuras futbolísticas de nuestro fútbol. Pero sin lugar a dudas hubo uno que destacó sobre el resto. El del propio Maradona, a quien conoció en febrero de este año. cuando Gimnasia visitó la ciudad para enfrentarse a Rosario Central por la Superliga. El inolvidable encuentro, que se dio en la concentración del Lobo, fue descripto de este modo por el propio Carlovich: “Lo primero que se hizo fue acordarse de mi vieja. ‘Trinche, la concha de tu madre…’ entonces se vino y me abrazó…. Me empezó a hablar al oído y no paraba. Hasta me firmó una camiseta y me puso ‘Trinche, vos fuiste mejor que yo’”.  Previamente, el capitán del equipo campeón del mundo en México ´86 ya lo había vanagloriado en 1993, cuando arribó para jugar en Newell’s, previo a lo que fue su último Mundial en Estados Unidos: “Yo creía que era el mejor, pero desde que llegué a Rosario escuché maravillas de un tal Carlovich, así que ya no sé…”.

Cuenta la leyenda que su anécdota estelar ocurrió cuando la Selección Argentina fue testigo de sus virtudes futbolísticas al disputar un partido amistoso y cayó 3 a 1 contra un combinado de futbolistas rosarinos, como preparativo al Mundial de Alemania 1974. El Trinche era el único de la formación titular que no jugaba ni para Newell´s ni Rosario Central, quienes aportaron 5 por lado a no aquel selectivo. Los rumores afirman que el técnico Albiceleste, Vladislao Cap, le solicitó al DT del equipo de la ciudad santafesina que retire a Carlovich de la cancha, ya que jugó tan bien aquel día a tal punto que estaba humillando al equipo nacional. Esa actuación le valió una convocatoria de César Luis Menotti a un preseleccionado en 1976. Sin embargo según, recuerda el Flaco, el díscolo crack no se presentó porque se fue a pescar: “No sé si había salido a pescar o a una isla. No recuerdo. La respuesta que me dio fue que no pudo regresar porque el río estaba alto”,

Se divulga incluso que el Trinche tuvo la oportunidad de trascender a nivel internacional ya que aseguran que le ofrecieron marcharse al famoso New York Cosmos, que tuvo como estrella máxima a Pelé y en el que también jugaron otras glorias del fútbol mundial como Carlos Alberto y Franz Beckenbauer. Carlovich afirmó la historia, ya que aseguró que fue el propio O Rei quien le bajó el pulgar y le impidió conocer la Gran Manzana para jugar a la pelota, su frase de cabecera a la que recurría para describir que él siempre dijo que hacía. “Hay comentarios malos, a mí me bajó el dedo Pele, esos son los comentarios que siempre me han llegado. No me gusta hablar, pero me parece que pasó eso”.

Profeta en su amado Rosario, su ciudad de toda la vida, el Trinche nunca deseó más de lo que ganó en el fútbol. Nunca soñó con transformarse en una figurita reconocida. Prefirió siempre aprovechar la virtud de su talento por el mero espíritu amateur que aspirar a la fama y al dinero. Era un atorrante atrevido de potrero que jamás le gustó presentarse a un entrenamiento ni a la exposición pública.  Su único deseo fue jugar a la pelota cerca de su casa en el Barrio Belgrano, el lugar donde lo criaron sus padres fue el mandato de su vida. Sólo quería disfrutar de tener con la pelota en los pies y gambetear sin importarle a quién tenía enfrente. El bar El Cairo, el lugar donde era más famoso que el propio Lionel Messi, extrañará -al igual que su querido Central Córdoba- sus historias de esplendor como futbolista que eternizaron su mito como gloria legendaria del fútbol argentino. ¡Que En Paz Descanses Trinche!

 

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Surfear la pandemia: Marplatense, el club que nació en cuarentena

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Nombre, escudo, camiseta, colores y comisión directiva. Todo, a distancia, en aislamiento y contra viento y marea. Si el 2020 fuera una playa, el coronavirus bien podría ser la ola gigantesca que la tapó por completo hasta nuevo aviso. Sin embargo, Matías Saldívar, ideólogo y presidente de la primera y única institución fundada en tiempos de cuarentena en la Argentina, puso su sueño y el de quienes lo acompañan sobre la tabla de las videollamadas para, entre una reunión virtual y otra, surfear la pandemia, asomar la mirada y ver más allá. “Lo que nos llevó a crear un nuevo espacio fue querer abrir más puertas”, dice el periodista que conduce un programa de fútbol y rock en Mega 90.1 de Mar del Plata y que, desde 2001, tiene y sostiene la intención de edificar un club. Y, con la voz amplificada por el orgullo y la alegría de contar como una realidad lo que supo ser una ilusión, agrega: “Con Marplatense rompimos el paradigma de la fundación tradicional. De lo malo siempre hay que rescatar lo bueno y de lo bueno, construir cosas mejores”. Contención social, identidad y anhelos por doquier, en esta charla exclusiva con Interior Futbolero.

Por Juan Pablo Francia.

De cafés, bodegones, bares y confiterías. De amigas y amigos, jóvenes entusiastas o abuelos y abuelas. De plazas, veredas, competencias barriales, pequeños torneos convertidos en grandes campeonatos, truco, envido y alguna idea loca que dejó de serlo ni bien puesta en acción. De trabajadoras y trabajadores de una fábrica, un taller, un frigorífico, un puerto o una línea de trenes o colectivos. De necesidad, búsqueda y hallazgo de representación, compañía y pertenencia. De esos y otros tantos factores incontables se componen las historias de los miles de clubes que habitan la Argentina y transmiten, de una generación a otra, sus fotos en blanco y negro, o en sepia. Al menos así fue hasta la irrupción del coronavirus en escena. Y hasta que, desde la tierra de la Playa Bristol, los lobos marinos y la Playa Varese, emergieron los ingredientes que vinieron a innovar la receta por completo y como nunca: WiFi, pixeles, manos libres, altavoz, notebook, celular, Zoom, llamadas en espera y micrófonos activados o muteados. Y sí, una pandemia tan inusitada como hacedora de un innegable punto de inflexión. Aún así, irremplazable y esencial, persiste el elemento que soporta y supera cualquier cambio de época: la ilusión. Esa que, cien años atrás o ahora mismo, fue y es la tabla capaz de surfear la ola más alta, difícil o inimaginable que pueda traer la marea. Y esa misma ilusión con la que Matías Saldívar y quienes conforman la primera comisión directiva del Club Atlético Marplatense hicieron de la distancia, su mejor punto de reunión para empezar a escribir su historia. “Todos los clubes, según nos cuentan, se fundaron en una plaza, jugando a la pelota o en un café. Y nosotros no. Por el aislamiento social, fue mediante charlas en videollamadas. Y el acta fundacional fue un tapabocas”, cuenta, entre risas y con la camiseta de su club puesta, el periodista que antes de soñar su institución supo comprometerse con el crecimiento del fútbol femenino en la ciudad que, según sus palabras, es mucho más que vacaciones. “Mar del Plata es linda y tiene vida todo el año, no sólo en el verano y con la playa. Hay mucho talento en materia deportiva y de artistas. Nosotros lo que queremos remarcar es eso, que se instale el nombre Marplatense. Porque es una ciudad con un millón de habitantes, pero todavía falta crear una identidad propia porque viene mucha gente de otros lugares. Y eso es lo que queremos fundamentar, que el marplatense se sienta orgulloso de lo suyo“.

Interior Futbolero: ¿De qué forma nació la idea que dio origen al Club Atlético Marplatense?

Matías Saldívar: Era un proyecto que tenía desde hace tiempo. La idea de formar un club para brindarles un nuevo espacio de contención social a los chicos y las chicas que están en la calle mediante el deporte y la cultura. Por diferentes motivos, no se podía desarrollar. Pero este momento de pandemia lo vimos como un envión positivo para poder realizar la fundación del club. Acompañado por mucha gente pudimos hacerlo. Los integrantes de la comisión directiva se embarcaron desde el minuto cero y ayudan desde el inicio en todo.

IF: ¿Y cómo fueron esas primeras conversaciones para la fundación?

MS: Rompimos el paradigma de la fundación tradicional con Marplatense. Porque todos los clubes se fundaron en una plaza, jugando a la pelota o en un café. Y acá no. Por el tema del aislamiento social, fue en charlas mediante videollamadas. Y el acta fundacional fue un tapabocas. Fueron complicadas las videollamadas porque, con el vicepresidente del club, teníamos bastante encaminado todo. Pero cuando empezamos a sumar miembros, nos decían que estábamos aburridos en cuarentena y cómo pretendíamos fundar un club. La mayoría de los artículos sobre deporte, en Mar del Plata, tratan de que los clubes se están fundiendo por falta de recursos. Y nos preguntaban cómo pensábamos salir con esto en ese contexto. Después, cuando mostramos los fundamentos y proyectos, vieron que no éramos ningún chiste y por suerte decidieron acompañarnos. Venimos muy entusiasmados, pero todavía no pudimos concretar ninguna reunión presencial con la comisión directiva. Estamos ansiosos para que llegue ese momento y, al menos y con el distanciamiento, poder conocernos la cara. Estamos marcando la historia porque en pleno siglo 21, donde casi todo es virtual, nuestro nacimiento también lo fue.

IF: ¿Y cuáles son esos fundamentos que ayudaron a reunir las voluntades para que el nacimiento sea posible?

MS: Tenemos como fundamentos competir en los máximos deportes marplatenses. Contamos con un profesor de boxeo, una de patín, un profe de básquet y una profesora de hockey. El proyecto fundacional se basó en el fútbol femenino y en la cuestión de género y cultural. Y la gente que nos acompaña está muy salpicada e involucrada en lo social. Pero la idea del club, más allá de jugar al fútbol o competir en torneos de otros deportes, para mí es que la gente grande esté en la confitería y sus chicos, hijos, hijas, nietos y nietas estén haciendo otra actividad. Estar en el club es no estar en la calle, ese es el concepto que tenemos. La vida social es lo fundamental. Después, lo deportivo acompaña y es un pilar importante en la estructura. Pero lo social y cultural es lo que queremos remarcar y hacer valer. Eso fue lo que más los entusiasmó. Porque si partimos de la base de fundar un club meramente futbolístico, ya hay muchos y cada integrante de comisión directiva pertenecía a uno. Aún así, estamos muy ansiosos por poder hacer pruebas y demás, pero primero queremos tener la personería jurídica porque, por ejemplo, de esa forma podríamos contratar un seguro médico para garantizar la seguridad de los planteles. Tenemos un complejo deportivo, el cual le agradezco al vicepresidente del club Juan Carlos Raiteri, en el que la idea es realizar un torneo nacional y que las delegaciones puedan alojarse en ese mismo predio. Ahí contamos con canchas de futsal, vóley y handball. Está en la zona de Parque Camet y, a unas cuadras, contamos con otro complejo de canchas de fútbol de siete, nueve y once.

IF: ¿En qué momento identificaste que aquella idea de crear un club podía hacerse realidad?

MS: En 2001. En plena crisis, yo venía jugando al fútbol en el club Independiente de Mar del Plata y esa situación nos llevó a muchos a dejar de jugar por lo económico. Muchos tuvimos que buscar otros horizontes. Chicos y chicas quedaron en la calle. Ese fue un momento determinante para preguntarme por qué no podemos hacer un club nosotros mismos. Hay 32 instituciones en Mar del Plata. Pero ¿por qué no nosotros? Venimos del ambiente social, cultural y futbolero. Y buscamos eso, crear un nuevo espacio para que los y las deportistas y artistas tengan un nuevo lugar para desarrollar sus actividades. Lo que nos llevó a crear un nuevo espacio fue querer abrir puertas. La mayoría de los clubes viven el fútbol, el básquet y el patín, que son actividades muy importantes en Mar del Plata. Nosotros, obviamente, también somos futboleros y futboleras. Y buscamos afiliarnos a la Liga Marplatense, pero el presidente ya nos dio el visto bueno para competir en el femenino y en futsal. En el masculino nos dijo que está más complicado porque ya no están afiliando clubes nuevos. Pero gracias a las instalaciones con las que contamos, ya tenemos el lugar para llevar a cabo esos proyectos que tenemos en mente.

IF: Visto con ojos de hoy, ¿cuán difícil fue hacer posible la fundación en plena cuarentena?

MS: El domingo 23 de agosto fue la fecha exacta de fundación. Pero fue complicado. En un momento, había imaginado que fundar el club iba a ser un poco más sencillo. Cuando te metés, ves las dificultades del camino. Por suerte, hay gente ayudándonos con los trámites de la personería jurídica para poder darle vida institucional al club en el marco legal que corresponde. Mediante la personería jurídica, podemos afiliarnos a distintas asociaciones oficiales en el ámbito de Mar del Plata. Somos uno de los clubes que va contra la corriente. Porque la mayoría, por no decir todos, se fundaron por el fútbol masculino o el deporte masculino. Y Marplatense se fundó con el fútbol femenino, porque el primer plantel que tenemos conformado es el superior de fútbol femenino. Con toda la estructura de la actividad, la coordinadora y los cuerpos técnicos. Así que, si bien fue difícil, venimos contra la corriente para romper ese paradigma.

IF: ¿Cuál es tu vínculo y el de Marplatense con el fútbol femenino?

MS: Soy futbolero, he jugado al fútbol y estoy involucrado con el fútbol femenino hace tiempo. Desde 2013 tengo un programa de radio en Mega 90.1 y, desde entonces, difundimos el fútbol femenino. Hemos llevado los primeros planteles de competencia oficial a la radio y siempre le hemos dado lugar. En 2015, me autorizaron para fundar el fútbol femenino en Aldosivi y en 2019 lo hicimos en Mitre. Ahí me dieron el cargo de coordinador de la actividad. Y este parate también nos motivó a crear un nuevo espacio para que todas las chicas que queden sin club puedan tener otra alternativa.

IF: ¿Y cómo se resolvió el debate por el nombre, los colores y el escudo? ¿A qué se deben?

MS: La idea del nombre del club se debió a que estamos muy orgullosos de ser marplatenses y queremos darle a la gente de la ciudad, en homenaje, un club que tenga su nombre y los identifique. Justamente, elegir el barco pesquero en el escudo fue también por un símbolo de la cultura del trabajo y una tradición que en Mar del Plata está muy arraigada. No sólo en la pesca, sino en cualquier espacio de trabajo, sacrificio y constancia. Y eso también es lo que queremos remarcar. Que sea un orgullo para la gente de Mar del Plata contar con un club que se llame Marplatense. El escudo es un triángulo levemente redondeado, con una lanchita pesquera amarilla en la parte superior izquierda, por el tradicional barco pesquero de la ciudad de Mar del Plata, con un sol naciente como simbolismo de buenos augurios y prosperidad, que está dividido en forma diagonal por una bandera argentina. Y en la parte inferior derecha tiene tres rayas verticales azules y dos amarillas. Y los colores vienen del amarillo, por el sol y la lanchita pesquera; y del azul, por el cielo y el mar. Pero hay otra versión de algunos miembros de comisión directiva que dicen que el amarillo es por Aldosivi y el azul por Alvarado, como Arsenal de Sarandí, que tiene sus colores en referencia a los más importantes clubes de Avellaneda. Ya hemos hecho el lanzamiento de las camisetas y mucha gente las compró. Eso nos puso muy contentos.

IF: Mencionaste a Aldosivi y Alvarado, ¿ya te imaginás algún clásico dentro de la ciudad?

MS: Ya con nuestro nombre, el que se nos tire en contra muy marplatense no va a ser. Tendríamos que tener un clásico zonal. Pero con la actividad va a surgir. Por el momento no me juego a elegir ningún clásico porque, por suerte, recibimos muy buena onda de todos. El primer club de la ciudad, que es Club Atlético Mar del Plata, nos escribió por Instagram deseándonos felicitaciones y eso, para nosotros, es un honor. Mar del Plata, fundado en 1906, es el decano de la ciudad. Y que nos salude nos pareció un orgullo. También hemos recibido saludos del presidente de Alvarado y muchos otros.

IF: La fundación fue un sueño y se cumplió. Ahora, ¿cuál es el que sigue para Marplatense?

MS: La camiseta, el escudo y la gente que acompaña ya componen un sueño cumplido. Es una maravilla poder hablar de Marplatense. Hay clubes que están muy encumbrados en la ciudad. Y que se hable de Marplatense ya es un sueño. Pero otro de los principales anhelos es tener los papeles en regla para poder empezar a darle su vida institucional al club, con la personería jurídica, y poder meternos de lleno en una convocatoria de futbolistas y deportistas. Porque hay muchas chicas y muchos chicos que se quieren sumar y todavía no lo podemos hacer. Queremos, primero, tener en orden todo lo legal. Y después, meternos en la Liga Marplatense de Fútbol y abarcar otras actividades oficiales como básquet, patín y boxeo. Lograr actividades y sacar a los chicos de la calle mediante el deporte es uno de nuestros sueños fundamentales.

IF: ¿Qué significa Mar del Plata para alguien que soñó e hizo realidad el Club Atlético Marplatense?

MS: Para mí Mar del Plata representa todo. Nací y viví siempre acá. He viajado y he tenido la oportunidad de conocer otras ciudades, pero me parece que Mar del Plata es hermosa. Tanto natural como socialmente. Porque Mar del Plata es linda todo el año, no sólo en el verano y con la playa. Tiene vida todo el año. Hay artistas marplatenses que tienen muchísimo talento y a veces no tienen su espacio para poder desarrollar su arte. Y hay mucho talento, también, en materia deportiva. Nosotros lo que queremos remarcar es eso, que se instale el nombre Marplatense. Después, ojalá la institución logre trascender a niveles nacionales en un Federal A o una Primera Nacional. Pero queremos instalar el nombre y crear esa identidad marplatense. Es una ciudad con un millón de habitantes, pero todavía falta crear una identidad propia porque viene mucha gente de otros lugares. En la década del 70, teníamos el estadio San Martín, donde ahora hay un supermercado, y se llenaba cuando se jugaba la liga local. Ahí jugó Pelé, hizo goles Maradona y los torneos de verano nacieron en ese estadio. Y ahora pasás y hay un supermercado. Yo me siento orgulloso de la ciudad y del club que fundamos. Entonces lo que queremos es remarcar eso, que hay que cuidar lo nuestro. Podríamos decir que somos militantes de Mar del Plata.

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Falucho: el club con refugio de mujeres que le dice basta a la violencia de género

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La violencia de género es una de las problemáticas que más apremio y atención requieren en la actualidad. Lamentablemente, esta urgencia no suele ser correspondida como es debido. En General San Martín, Chaco, el club Falucho toma esas riendas abandonadas por desidia, arreando una lucha justiciera. Sin motor, ni tracción a sangre. A pulmón.

 

Por Julián Malek

 

Siempre ha existido, pero recién en los últimos años las voces han dejado de callar. Lo que hace antaño se condecía con el ámbito privado, hoy se traduce en un cúmulo de historias que jamás debieron quedarse entre cuatro paredes. Historias de abuso, de maltrato, de subordinación y humillación. Historias que parecen de antiquísimas filminas pero se siguen reproduciendo en 4K. Historias de mujeres que han sufrido y sufren violencia de género.

La conciencia respecto a esta problemática ha ido in crescendo en los últimos años, es cierto. Pero no basta para extinguirlo. Diversas organizaciones se han erigido con el fin de ayudar a las víctimas, así como campañas y movilizaciones, aunque no siempre alcanzan a cubrir todos los rincones de nuestro país. En General San Martín, Chaco, el club Falucho brega por hacer su aporte en esa lucha, con la instauración de un refugio de mujeres.

Tenemos un dormitorio con todas las comodidades posibles, todo lo que puede tener un hogar o casa. La idea es que, desde el momento en que llega una persona a nuestra institución, esté acompañada; acobijada y segura, porque está en un momento vulnerable“, explica al respecto Rosa Luque, diplomada en género y sexualidades, que desde 2017 es responsable del área Mujer; Género y Diversidad.

En relación al refugio, profundizó: “Hay una habitación múltiple de cinco camas y tiene baños. Nos estaría faltando una cocina, pero hasta ahora lo hacemos de manera informal“. Además, explicó que tienen “equipo de operadoras y operadores formados en perspectiva de género, y uno interdisciplinario para darle contención psicológica desde el momento que llega (la víctima). También tenemos abogado para asesoramiento legal“.

Desde el momento que llega tratamos de darle la atención que necesita. El ser humano se relaciona, por lo que enseguida se crea ese vínculo familiar, y es lo que esa persona necesita en ese momento. Desde el momento de la denuncia, la primer medida es la prohibición de acercamiento. También está la aplicación de botones antipánico. No tenemos aquí, pero sabemos que es una de las medidas para resguardar la integridad de esa persona“, prosiguió Rosa.

En cuanto a cómo nació la iniciativa, indicó: “La realidad, necesidad y urgencia hizo que, si bien estamos trabajando hace mucho tiempo con la temática de violencia de género, acá en General San Martín no hay una institución o lugar donde atender o contener. Lo veníamos haciendo de manera voluntaria. Viendo esto propuse a la comisión directiva, quienes adhirieron al momento y sin dudar, generar un espacio para albergar a mujeres víctimas de violencia de género. Necesitábamos un lugar en San Martín y no lo teníamos. Surgió en función de una emergencia“.

A pesar de la naturaleza altruista de su obrar, Rosa comentó que “desde el estado municipal, provincial o nacional no tenemos ayuda. La hemos buscado y tienen conocimiento de nuestra existencia, pero tal vez sus intereses estén por otro lado“. En esa misma línea, expresó: “Al municipio hemos enviado proyectos de creación del área mucho tiempo atrás. Consideramos que necesitamos un espacio donde las mujeres podamos reunirnos y discutir las oportunidades y derechos que nos faltan. Ante la negativa del estado municipal no nos quedamos con eso, seguimos trabajando humildemente desde nuestro espacio a fuerza de pulmón“. Sobre esto último, evidenció que para mantener el refugio están “vendiendo pollos y facturas. Es la forma en que lo sostenemos aún hoy, y la gente siempre acompañó. Sino no lo hubiéramos podido tener“.

Hoy en día tienen huéspedes, según los propios dichos de Rosa Luque: “Actualmente tenemos dos mujeres. Una de 73 años, que desde la Secretaría Municipal de la Mujer están trabajando para trasladarla a un hogar de adultos mayores, y una mamá de El Colorado, Formosa, con dos niños. Llegó a nuestra institución por motivo de violencia, y llevamos 12 días que no podemos devolverlos a su ciudad por los protocolos“.

Sobre el rol de los clubes en esta temática, aseguró: “Es importante que todos los clubes tengan esa área y espacio de inclusión, abierto, donde todas las personas que quieran estar lo puedan hacer. Fuimos criados con que los clubes eran lugares varoniles. Si queremos una sociedad con oportunidades para todos; todas y todes, tienen que generar que las mujeres tengan su espacio no solo como espectadoras, sino dentro de la institución. En comisión directiva; como jugadora; como generadora de otros espacios. Que tengamos participación natural, sin prejuicio de inferioridad“.

Finalmente, tras mencionar que “la estadística nos indica que el número de víctimas en esta pandemia aumentó de manera considerable“, concluyó: “La violencia y discriminación está en todos lados. Nuestro compromiso como militantes sociales nos lleva a ocuparnos de la problemática. Hay que hacerse cargo de que el problema existe“.

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El noble gesto de Julián Álvarez con su primer entrenador de Calchín

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Julián Álvarez fue sin duda el hombre de la noche en un partido clave para River Plate. Sus dos goles ayudaron a que el millonario superase por sexta vez consecutiva la fase de grupos de la Copa Libertadores, al vencer por 2-1 al San Pablo de Dani Alves (y dejándolo matemáticamente eliminado en el proceso). Pero su calidad futbolística no es la que se lleva los flashes en esta nota, sino mas bien la humana.

 

A sabiendas de que su primer entrenador, Rafael Varas, trabajaba con el reparto de insumos, el joven futbolista decidió obsequiarle una Kangoo para facilitarle su labor. “El día sábado me llega un mensaje de Gustavo, el papá de Julián: ‘entre las 17 y 18 horas vení a mi casa’. No alcanzo a salir que me entra una llamada a mi teléfono y era el papá de Julián, me dice ‘Gustavo ya voy a tu casa’.  Yo no sospechaba nada, solamente se me cruzaban asuntos de fútbol y un café. Cuando llegó, lo hizo tocando bocina, sonriente. Vi que no era un vehículo de ellos, se baja sonriente y me dice: ‘esto te lo regala Araña’. Ahí nos emocionamos y nos abrazamos fuerte“, relató en diálogo con Interior Futbolero el hombre que ahora tiene a su cargo una escuelita de fútbol.

Julián Álvarez en Club Atlético Calchín.

Tras expresar que “no me sorprende el gesto de Julián, sino el regalo, que es muy grande“, comentó: “Él siempre fue de compartir. Como todos los niños porque en la escuelita siempre le inculcamos el respeto al compañero, ser solidario, compartir aunque sea un trago de agua. Julián era el abanderado en eso“. A su vez, recordó que “siempre hizo diferencia“. “Recuerdo verlo en la cancha, pasar a 4 o 5 jugadores de campo, pasar al arquero y terminar haciendo gol de rabona“, deslizó.

En cuanto al origen del apodo “arañita”, detalló: “Su apodo no está bien definido pero pasa por los hermanos. En un picadito de hermanos y vecinos él estaba en el medio. Era el más chico y se movía como una araña, una arañita que tenía muchas patitas“. También remarcó la vez en que se probó en Boca Juniors: “Cuando se probó en Boca nadie le dijo nada, sabían que él busca su futuro. Fue, se probó e hizo goles. Yo creo que si hoy hubiera jugado en Boca nadie iba a perder la buena onda con él ni nada, porque es un jugador que merece estar donde está, en River o en Boca“.

Rafael Varas junto a la Kangoo que le regaló Julián Álvarez.

En relación a la final de la Copa Libertadores entre millonarios y xeneizes en Madrid, denotó que “River para mi ya era campeón con verlo a Julián jugar“. Al respecto, rememoró: “La vuelta a Calchín fue eterna porque no llegaba más. Pasaban por una localidad y lo estaban esperando, lo paraban en la ruta, le pedían autógrafo… Fue algo eterno. Nosotros éramos el último pueblo que lo estábamos esperando, y cuando llegó estaba todo el pueblo“.

Después de catalogar a Julián Álvarez como “un modelo a seguir” que “ojalá sea un espejo para el resto de los chicos“. Finalmente, lo definió como “un fenómeno, un grande por todo. Un corazón más grande que nuestro pueblo y que toda la provincia de Córdoba“.

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Cristian Moyano: los guantes de Totoras que contienen los pelotazos de la pandemia

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Una prueba en Boca, años de inferiores en River, el afianzamiento en Instituto de Córdoba y una carrera futbolística de casi veinte años, con más de diez camisetas, que llegó a su fin con el traspaso a ese equipo que, en la primera línea de lucha contra el coronavirus y dentro cada hospital del país, disputa una final todos los días. Cristian Moyano, a sus 39 años, decidió abandonar el profesionalismo del fútbol para ejercer su otra profesión: la kinesiología. “No me costó ni lo dudé. Me preguntaron si me gustaría y dije que sí, de una”, cuenta el santafesino que ahora trabaja en el Hospital Fernández. Y, como quien analiza un partido decisivo, agrega: “No tengo miedo, pero sí responsabilidad. La enfermedad complica muchísimo a las personas que la padecen, yo lo vi”. En el arco como en la vida, de un palo a otro: el antes, durante y después del fútbol, la importancia del estudio, el arraigo con el club que lo formó, el sentido de la oportunidad aún en tiempos de crisis y más, en esta charla mano a mano con Interior Futbolero.

Por Juan Pablo Francia.

“Bueno, gente. Llegó el momento de colgar los guantes. Le estoy eternamente agradecido a cada persona que conocí por este deporte. Hoy le digo adiós a un amigo, el arco. No te cuidaré más. ¡Nos vemos en otra vida!”. Con esas palabras, el 12 de julio, en medio del aislamiento social, preventivo y obligatorio y a través de su cuenta personal de Instagram, Cristian Moyano anunció su retiro del fútbol profesional. Después de haber vestido las camisetas de Instituto de Córdoba, Sportivo Belgrano de San Francisco, Boca de Río Gallegos, El Linqueño de Lincoln, Sarmiento de Junín, Colegiales, Defensores de Belgrano y Cañuelas, vivió sus últimos dos años de carrera con los colores de Deportivo Laferrere, en la Primera C. Y en un triunfo 2-1 frente a Central Córdoba de Rosario, el 29 de septiembre de 2019, el oriundo de Totoras, Santa Fe, se calzó los guantes de arquero, de forma oficial y como titular, por última vez. La decisión representaría abandonar la defensa de los tres palos cada fin de semana, pero no por eso dejar de atajar. En otra cancha y al tiempo, pasaría a utilizar guantes de látex, barbijo, máscara y uniforme para incorporarse al plantel del único equipo que le juega de igual a igual al rival más complejo de los últimos tiempos: la pandemia de Covid-19. “Cuando decidí estudiar, me propuse meterle cueste lo que cueste. Si tenía que sacrificarme en lo que sea, lo iba a hacer”, cuenta el exarquero, con el bullicio del hospital de fondo, en medio de su único descanso en un día largo de asistencia y rehabilitación de pacientes que, tras internación en terapia intensiva, atraviesan un proceso para restablecer su fuerza, movilidad, marcha, equilibrio y estabilidad. “Vemos y atendemos pacientes post Covid que están un tiempo largo en la terapia hasta que pueden salir. Y muchos bajan con traqueotomía”, describe. Y, como quien hace carne del desafío que afronta, explica: “Sabía que era una oportunidad y más en este momento, en el que se está necesitando gente. Siempre he sido insistente con todos los compañeros que tuve para que estudien o hagan algo. Porque eso te prepara y te hace otra persona. La carrera del futbolista es corta. Hoy me siento orgulloso de estar trabajando en algo que me gusta”.

Interior Futbolero: ¿Cómo decidiste introducirte en una carrera universitaria en paralelo al fútbol profesional?

Cristian Moyano: Los primeros tres años de la carrera de kinesiología los hice cuando estaba en Defensores de Belgrano. Y terminé medio repartido entre Cañuelas y Laferrere, cuando cursé el último año y me recibí. Mi hermano es kinesiólogo y quiropráctico. Y Antonella, mi novia, me incentivó a terminar el secundario. A mí me faltaba un año. Y por intermedio de Agremiados, a través de la Fundación El Futbolista, me dieron la posibilidad de finalizar los estudios o hacer algún curso. Mi novia me dijo que averigüe y me convenció. Si bien siempre fui un chico de estudiar cuando vivía en Totoras, después conocí el mundo del fútbol y eso me alejó del estudio. Ahora, de grande, lo pienso y  fue una locura. Pero cursé doce materias, rendí los exámenes y en un año terminé el secundario. Entonces ya le había agarrado el gustito a estudiar otra vez y  mi novia me dijo que me ponga a hacer una carrera. Fue mi hermano el que me preguntó: “¿Por qué no estudiás kinesiología? Está relacionado al deporte, que es algo que vos hiciste siempre”. Él estaba en Santa Fe y cada vez que venía a Buenos Aires me acompañaba a averiguar en distintas universidades Y ahí elegí Fundación Barceló, que era la que me brindaba los mejores horarios para acomodarlos con el fútbol.

La historia del arquero de Totoras que ahora ayuda a pacientes que padecieron Covid-19 | INFO MASIF: Y cuando comentabas que después de entrenar tenías que ir a cursar, ¿cuál era la reacción o recepción de tus compañeros del plantel?

CM: Algunos lo tomaban con gracia, otros me felicitaban y a otros, directamente, no les interesaba. Pero yo trataba de exigirles a los más pibes que terminen de estudiar. Intentaba inculcarles que traten de terminar y hacerles entender que no es difícil. Si bien el fútbol ocupa mucho lugar en la cabeza, en tiempo son dos o tres horas por día. Después tenés todo el día para hacer algo. ¿Y qué mejor que poner la cabeza en otra cosa? Eso también hace bien. Tuve la suerte de que, en esos cinco años de carrera, me tocaron compañeros que me apoyaron, así como también cuerpos técnicos que me ayudaron. A veces tenía que cursar e irme antes del entrenamiento. O por ahí concentrábamos y tenía que ir a cursar, entonces me dejaban ir y volver a la concentración. Fueron cinco años de mucho esfuerzo y sacrificio, en los que mi novia fue la que más me bancó, pero los clubes también me ayudaron.

IF: Durante el proceso de estudio, ¿en algún momento sentiste la necesidad de derribar ese estereotipo que encasilla al futbolista?

CM: Cuando estaba en Cañuelas, clasificamos para la Copa Argentina y nos tocó enfrentar a Rosario Central en cancha de Unión de Santa Fe. En ese momento, creo, estaba en tercer o cuarto año de la facultad. Obviamente, mis compañeros de cursada sabían que jugaba al fútbol, pero siempre fui reservado. Cuando iba a la facultad, quería hablar de temas de estudio o de otras cosas de la vida, pero no de fútbol. Por lo cual no contaba mucho. Esa noche jugamos y perdimos 1-0, pero a mí, personalmente, me fue bien. Cuando terminó el partido, me llamaron desde la transmisión para hacerme una nota porque me habían elegido figura del partido. Y cuando fui al vestuario y abrí WhatsApp, tenía como 130 mensajes. Entre todos esos, tenía algunos de mis compañeros felicitándome y otros que me decían: “Qué bien que hablás”. ¿Y por qué? ¿Porque juego al fútbol tengo que hablar mal? Todavía está instalado que el jugador de fútbol no sabe hacer otra cosa. Y la verdad es que no es así. Por eso mismo siempre he sido insistente con todos los compañeros que tuve para que hagan algo, que estudien, hagan un curso de inglés, computación o lo que sea. Que hagan algo. Porque eso te prepara y te hace otra persona. La carrera del futbolista es corta. Te fue bien, no te fue bien, te fue más o menos y listo. He conocido a muchos jugadores a los que, lamentablemente, no les ha ido bien y terminaron haciendo algo que no les gustaba. Por eso el momento que hay que aprovechar es cuando se tiene un sueldo y la posibilidad de pagarse una facultad. Se puede estudiar, se puede hacer otra cosa y prepararse para lo que viene. A mí me tocó dejar de jugar, pero con la tranquilidad de tener una profesión para continuar. Eso me dio paz conmigo mismo. No es que terminé de jugar y no sabía qué hacer. 

IF: Cuando recordaste a aquel pibe que dejó el estudio por el fútbol, hablaste de Totoras, tu ciudad natal y el club en el que empezó todo. Hoy, trabajando en un hospital y desde la distancia de Buenos Aires, ¿qué representa Totoras Juniors?

CM: Totoras Juniors me formó como persona y eso es lo más importante. A los cinco años empecé en el fútbol y jugué en Totoras hasta los quince. Si bien es el club de mi pueblo, tuve grandes técnicos que me enseñaron a ser buena persona, respetuoso y profesional. Y eso fue lo que me puso feliz. Muchos me agradecieron cuando decidí no jugar más. Mediante mensajes o llamados, hubo gente que me felicitó y hacía tiempo no hablaba. Me agradecían por algún consejo o por haberme portado bien cuando no me tocaba jugar. Y eso es con lo que me quedo de mi etapa deportiva. Dentro de un club se pueden hacer las cosas bien o mal, porque somos humanos y nos podemos equivocar. Pero considero que no podés fallar como persona.

IF: Y entre Totoras Juniors y tu aparición en Instituto de Córdoba allá por la temporada 2001 de la B Nacional, ¿cuál  y cómo fue el camino recorrido?

CM: Cuando tenía quince años, fue Boca a hacer una prueba de jugadores de mi categoría, hicimos un partido amistoso, al técnico que estaba en aquel momento le gustó cómo atajé ese día y me convocó para que viniera a Buenos Aires y haga una prueba. Me probé durante una semana, en ese momento en el Parque Sarmiento, y todo resultó bien. Me quedé un año y pasé a River, donde estuve otros dos en inferiores. Después tuve un interín de tiempo en el que me volví a Totoras. En River llegué hasta cuarta, hice pretemporada con Reserva y cuando volví de la pretemporada, el técnico me dijo que iban a bajar muchos arqueros de Primera. Yo tenía 19 años. En esa época estaban Burgos, Bonano, Sessa, Costanzo e Ischuk. Había muchos arqueros e iba a ser muy difícil. Fue en la época de Ramón Díaz y Omar Labruna. Lo charlé con mi familia porque era pibe. Venía de un pueblo y era todo nuevo para mí, me quería volver porque no aguantaba más. Ahí, el técnico de la Primera de Totoras Juniors me dijo que quería que me quedara y que me iba a poner en Primera para que tomara confianza. Empecé a jugar en la Liga Totorense, que la juegan equipos de la zona y de otros pueblos cercanos, y a los tres meses salió una prueba en Instituto de Córdoba. La condición hablada era que, si surgía una posibilidad, me podía ir sin ninguna traba. En Instituto quedé y estuve cuatro años. Hasta que, en 2005, me fui a Sportivo Belgrano.

El arquero Cristian Moyano se retiró del fútbol profesional • Diario Democracia

IF: Vestiste más de diez camisetas en tu carrera como arquero y varias en el fútbol del interior, ¿cuál fue la experiencia que más te marcó?

CM: Con Instituto no pude jugar en Primera porque, cuando ascendimos, me fui del club. Pero fueron cuatro años muy buenos en los que viví la experiencia de jugar el Nacional B, que es un torneo bárbaro. Después tuve una lesión en un tobillo que me complicó y me obligó a buscar un lugar en el que pudiera jugar. Y mi lugar lo encontré en Sportivo Belgrano, que por entonces jugaba el Argentino B. Estuve casi un año y medio y jugué casi 100 partidos. La de Sportivo Belgrano fue mi experiencia más importante en el interior. Disputé muchos partidos, personalmente me sentía muy bien y teníamos un gran equipo. Lo único que faltó fue ascender. Justo, en esa época, nos cruzamos con San Martín de Tucumán, que era un equipo gigante jugando un Argentino B. Pero Sportivo fue el club que me dio más continuidad. Eso me hizo madurar mucho.

IF: Dejaste el fútbol durante la cuarentena e ingresaste a trabajar a un hospital en plena pandemia. ¿Cómo viviste esa transición?

CM: He conocido compañeros que dejaron de jugar y tuvieron que volver porque no podían vivir sin fútbol. Por dificultad o incluso por necesidad económica. No es fácil. Y menos si tenés familia. De pronto te encontrás con que el ingreso económico al que estabas acostumbrado no lo tenés y se terminaron los aplausos y las fotos. Y eso también es un tema. En mi caso, me fui preparando para esto porque siempre tuve presente que, en algún momento, iba a dejar de jugar. Y haber estudiado y tener un título, en mi cabeza, me ayudó. A mí no me costó dejar el fútbol porque siempre deseé trabajar en un hospital o un lugar así. Acá hay gente a mi alrededor que hace más de treinta años que está en esto y eso es muy bueno para mí, que recién arranco. Sabía que era una linda oportunidad y más en este momento, en el que se está necesitando gente. Yo veo todo el tiempo, en los grupos de WhatsApp de kinesiólogos en los que estoy, que están requiriendo profesionales para entrar a hospitales y clínicas porque se están necesitando. Por un lado, por la cantidad de contagios. Y por otro, porque se enferma la gente que trabaja en la salud. Entonces, si bien tenía contrato hasta junio en Laferrere, decidí esperar. Pero llegando al final de junio y sabiendo que el fútbol no iba a volver, surgió esto. Me llamaron para ser refuerzo del Hospital Fernández y ni lo dudé. Me preguntaron si me gustaría y dije que sí, de una.

IF: ¿Cómo se vive la pandemia dentro de un hospital, del otro lado del mostrador y con la realidad cara a cara?

CM: La situación, acá, muestra que hay bastante ocupación de camas. Pero yo sabía dónde me iba a meter y lo que iba a ver. No tengo miedo, pero sí responsabilidad. Tengo compromiso a la hora de trabajar. Cuando arranqué, no sé si era por miedo o inexperiencia, pero trataba de hacer muy bien todo lo relacionado a los cuidados. Cómo tenía que vestirme antes de ver a un paciente y cómo desvestirme, porque eso también es un tema. De qué forma ponerte y sacarte los elementos de seguridad y cómo sacártelos para que no te quede nada y que después, sin querer, te toques la cara, un ojo, la boca o la nariz. Pero entre nosotros, acá en el hospital, nos cuidamos un montón. Miedo no tengo, pero sí respeto. La enfermedad existe y complica muchísimo a las personas que la padecen. Yo lo vi.

Cristian Moyano, de colgar los guantes a su rol en la rehabilitación de pacientes recuperados de COVID-19 - el1digital.com.ar

Imagen: El1digital.com.ar

IF: ¿Cómo es tu trabajo de kinesiología en la atención a pacientes con coronavirus?

CM: Nosotros vemos pacientes post Covid, que bajan de terapia intensiva y de haber estado conectados con un tubo de ventilación mecánica que utilizan para respirar. Están un tiempo largo en la terapia hasta que pueden salir y muchos bajan con traqueotomía. Nosotros realizamos una evaluación de fuerza, tronco y movilidad. Tomamos un índice en el que, con preguntas al paciente, revisamos si se puede cambiar solo, si puede comer y si puede ir al baño. Con eso extraemos un parámetro de cómo está el paciente para iniciar la rehabilitación. Y a partir de ahí, comenzamos trabajos de ejercitación, de fuerza, movilidad, marcha, equilibrio y estabilidad. Con la idea de que esa persona pueda desempeñarse independientemente como lo hacía antes de caer en terapia. Al principio, cuando baja el paciente, hay algunos que no saben dónde están ni qué día es. Hay otros que bajan bien y hay otros que tienen una patología de base y les cuesta mucho más. El coronavirus ataca a los pulmones y a esos pacientes que tienen afecciones con antecedentes les cuesta mucho. A la hora de sentarse, hay gente a la que le falta el aire y reciben oxígeno a través de una cánula nasal que te piden que se la pongas. Pero tratamos de ir de a poco y sacarles un poquito de ese oxígeno para que no se hagan dependientes y puedan volver a respirar por sus propios medios.

IF: Sin haber sido futbolista, ¿hubieras sido kinesiólogo?

CM: Sé que hubiera estudiado algo. No sé qué, pero seguramente me hubiese ido a Rosario, porque en mi pueblo todos se van a estudiar a Rosario. No sé si hubiera sido kinesiólogo, pero sí sé que hubiera estudiado. De eso estoy seguro. Nunca se sabe lo que va a pasar en la vida, pero hay que buscarlo. Si uno se queda sentado, nadie va a venir a preguntarte si querés hacer esto o ser aquello. Hay que buscarlo. El camino de la vida me trajo hasta acá y por algo se dan las cosas. Por algo me costó mucho estudiar y jugar. Hoy tengo la posibilidad de trabajar en el hospital y, más allá de toda esta situación, lo disfruto mucho y estoy contento. 

IF: ¿Qué te genera más orgullo? ¿Haber logrado vivir del fútbol o encontrarte hoy, por segunda vez, viviendo de tu profesión para atajarle los pelotazos a la pandemia?

CM: Me siento orgulloso porque mientras jugué al fútbol estudié y me preparé para el día de mañana. Me genera orgullo que se me haya prendido la luz para estudiar en ese momento, porque no sabía cuánto tiempo más iba a jugar ni cuándo iba a conseguir club. Y tenía que aprovechar la posibilidad de tener un sueldo que me permitía vivir y pagar la facultad. Creo que parte desde ahí. Y ahora, después de haberme recibido, estoy orgulloso de eso. De que mientras jugué, pude estudiar. Fue dificilísimo. Y no hubiese sido posible sin el apoyo de mi novia, que era la que se bancaba verme estudiar todos los días y los fines de semana. Estoy haciendo algo para lo cual me preparé y me gusta. Y atrás de eso vino esto de que, por ejemplo, me hagan una nota y no por el fútbol, sino por lo que hago ahora.

EL DÍA QUE FUE ELEGIDO COMO FIGURA, CON CAÑUELAS Y POR COPA ARGENTINA, FRENTE A ROSARIO CENTRAL:

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HISTORIAS DE VIDA

Gran movida solidaria de Franco Sosa para ayudar a un nene en Tucumán

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El tucumano ex Racing de Avellaneda le regaló a Isaac, un pequeño de siete años, la silla de ruedas que necesitaba y que su familia no podía comprar. En un gesto digno de imitar, el ex futbolista consiguió los recursos necesarios para brindar su ayuda ante el pedido de los padres del niño. 

Un dirigente del club Deportivo Llorens de Tucumán difundió en sus redes sociales la historia de Isaac junto a Franco Sosa, el ex futbolista que supo vestir las camisetas de Racing de Avellaneda, Juventud Antoniana de Salta, Gimnasia de Jujuy y Concepción de Tucumán, y que además fue jugador DT y presidente en Ñuñorco, otro club tucumano. El nene, que tiene siete años, necesitaba una silla de ruedas para sobrellevar mejor una afección física, pero su familia no podía comprarla debido a su elevado costo.

Fue entonces que sus papás se pusieron en contacto con Franco, quien no dudó y aportó su colaboración inmediatamente. Como en una cadena solidaria, el ex Racing se comunicó con dirigentes de la Academia para solicitar el aporte del club. Así, desde Avellaneda enviaron la silla hasta el club Deportivo Llorens, en Tucumán, y allí Sosa la retiró para entregársela personalmente al pequeño Isaac.

Lo de la gente de Racing, para aplaudir; lo de Franco Sosa, para imitar” escribió en su cuenta de Facebook Walter Sánchez, el dirigente de Deportivo Llorens que dio a conocer la historia. La publicación está acompañada de varias fotos en las que se puede ver a Franco Sosa junto a un sonriente Isaac y de un video del niño con su nuevo medio de movilidad.

Excelente gesto de Sosa, alguien que supo llegar a lo más alto del fútbol argentino pero que demuestra no olvidarse de sus raíces tucumanas y estar siempre al pie para dar una mano. 

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Fútbol Femenino

El fútbol pudo más

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Mayra Acevedo
Foto: mundod.lavoz.com.ar

Es la historia de Mayra Acevedo, considerada como una de las mejores futbolistas de la Liga Cordobesa.

Tiene 26 años, nació en barrio Müller y trabaja como secretaria en una empresa de GNC. Se desempeña como delantera con gran capacidad para gambetear. Este 2020 había elegido cambiar de aires y se fue a préstamo a Universitario, donde hizo la pretemporada pero no pudo debutar.

Se dedicó siempre al tenis hasta los 21 años, cuando incentivada por una tía suya, optó por dar un giro y dedicarse a otro deporte. Cuenta que al principio no le resultó muy fácil el paso de un deporte individual a uno colectivo, pero lejos de dejarse vencer por esto, siguió a paso firme.

Su inicios fueron en Unión de San Vicente, donde duró un año porque Racing de Nueva Italia ya la tenía en la mira.

En la Academia cinco años fueron suficientes para notar el gran talento que Mayra escondía, inclusive en 2018 levantó varios títulos, entre ellos un triunfo frente a Belgrano en una final.

“A mi me gustaba jugar de volante pero el entrenador, Alejandro Gimeno, me quería de punta. Me enseñó todos los movimientos y hoy me siento una delantera. Igual siempre me retaron porque antes que pegarle al arco prefería dar un pase”, le contó al medio Mundo D.

Al principio me costó adaptarme, típico en mi. Pero la verdad es un grupo muy unido, el entrenador Mariano y la capitana Belén me hicieron sentir muy bien, siempre tratando de integrarme”, añadió.

Nunca imaginó este presente, dejar el tenis por el fútbol fue un giro rotundo, de hecho asegura que no le gusta mirar fútbol, la aburre… “A mí lo que me hace feliz es estar dentro de una cancha. No miro ni a la selección”, argumentó.

Mayra tenía un préstamo con el club y ahora deberá definir su futuro, uno de los clubes que la tiene presente es nada más y nada menos que River. En el horizonte se encuentra el femenino de AFA. “El año pasado y a principios de este año tenía chances de ir, pero no podía dejar todo y viajar. Pero ahora ya acomodé muchas cosas, me mudé de nuevo a la casa de mis papás y si sale algo, lo voy a aprovechar”, afirmó.

En estos cinco meses de cuarentena, Mayra nunca dejó de entrenarse. Ahora sale a correr y trata de mantenerse lo mejor posible para cuando se presenten las oportunidades. La Liga Cordobesa podría retornar los entrenamientos en septiembre y no se sabe si habrá algún tipo de campeonato.

Su familia la apoyó siempre durante sus años con la raqueta, y cuenta que ahora lo sigue haciendo en las canchas de fútbol: “A mi mamá mucho no le gusta porque me golpeo o protesto. Pero siempre estuvieron y, si me fuera a China, también irían”.

Fuente: Mundo D

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Comunidad IF

Gonzalo Urquijo: trenes, sueños y tractores

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Muchos dicen que el tren pasa sólo una vez en la vida. Que las oportunidades se presentan ante nosotros, y no tomarlas implica desestimarlas sin posibilidad alguna de retractarse. Pero podríamos decir que mi caso no es ese. Ese tren pasó delante mío al menos en tres ocasiones, y si se quedan hasta el final puede que comprendan por qué.

 

Por Gonzalo Urquijo

 

Editado por Julián Malek 

Para empezar, no podría haber llegado ni a la estación si seguía la filosofía familiar. Mis padres eran personas de campo, con nulo contacto con el fútbol. El ocio para ellos deambulaba por otros menesteres, pero el mío apuntaba a la pelota. Esa con la que se me puede ver en viejas fotos, cuando tenía cerca de seis años. Esa con la que me despertaba, y también con la que me iba a dormir. Jugué en soledad primero, y con mis vecinos después. Eran otros tiempos, con menos Play Station y más potrero. Los picaditos que en ellos se armaban casi que podían disimular la falta de un club con fútbol en Bellocq.

Ah, no les hablé de Bellocq. Es donde nací, mi lugar en el mundo. A 45 kilómetros de Carlos Casares pueden encontrar a unos 600 de nosotros. Si bien hay dos entidades que al día de hoy tienen al fútbol como una de sus actividades, en mi infancia eran para la gente del campo. Jugaban a las bochas, y esas cosas. De todos modos, no me quejo. Puede que, de ser diferente, nada de lo posterior hubiese ocurrido.

Fue en “Club Atlético Picaditos después de la escuela” que un amigo me sugirió jugar con él en Huracán de Carlos Casares, cuando tenía ocho años. A esa corta edad yo viajaba los viernes en micro hasta la cabecera del partido, donde me recibía el entrenador y me quedaba a dormir en su casa; el sábado jugábamos y por la noche de ese mismo día, o por la mañana del domingo, me volvía en un remís a mi casa. Mi vida era un ida y vuelta constante entre las dos localidades, incluso cuando a los 14 pasé a Atlético Casares. Pocas cosas cambiaron en aquel momento: mi hospedaje transitorio eran los hogares de tíos o amigos, y las vueltas a Bellocq eran a dedo. Todo valía el esfuerzo: ya estaba en la Primera.

Dos años después pasó el primer tren. Había salido goleador en los últimos torneos y me consiguieron una prueba en Boca. Estuve una semana en la pensión, y en los entrenamientos me iba bien, metía varios goles. Pero extrañaba. Extrañaba mucho a la familia, a mis amigos. Cuando terminó esa evaluación el técnico me ofreció quedarme, que volviese a mi pueblo y meditase si quería tomar aquella propuesta. Después de 15 años, aún tengo en el debe visitar Casa Amarilla para declinar la oferta. Mejor tarde que nunca.

En pleno proceso creativo.

El segundo tren llegó un tiempo después, pero el proceso fue el mismo. Gimnasia y Esgrima La Plata posó sus ojos en mi, pero los míos sólo apuntaban a mis pagos. La ciudad de las diagonales y Bellocq están en la misma provincia, pero aún así casa estaba muy lejos. Demasiado para mi gusto.

Sin embargo, la capital bonaerense me vio volver años más tarde. Mamá entendía que mi pasión era el fútbol, pero quería que estudie. Una montaña de libros sobre materias ligadas a la educación física y los partidos en la Liga Casarense resumían bien mi vida por aquel entonces. Hasta que pasó mi último tren.

Yo no entendía nada. Un tal Bernardo Grobocopatel, de quien el apellido me sonaba pero jamás había visto, quería hacer un club con el que tenía proyectado jugar en la B Nacional dentro de siete temporadas. Pensé que estaba loco, que eran mis amigos haciéndome una joda, pero accedí a una charla de café.

Agropecuario no nació en cuna de oro, quiero que lo sepan. Nuestro lugar de entrenamiento se alternaba entre el Parque San Esteban y el predio de atletismo del CEF. Incluso el Ofelia Rozensuaig no existía al principio, por lo que hacíamos de local en Boca de Carlos Casares en los primeros torneos. Eso sí, conforme pasaban las temporadas, más cosas nuevas veías. Era ir a entrenar y toparte con instalaciones recién inauguradas. La apuesta era grande, y debíamos responder en consecuencia.

Al año llegó la invitación para el Argentino B, un torneo durísimo de verdad. Eramos 120 equipos peleando por apenas tres o cuatro ascensos. Imagínense una bandada de aves, desde pichones hasta halcones, a las que se pone a disposición solo un puñado de comida. Algo parecido era la liga. Había pichones y había halcones, pero el recorrido era símil para todos.

Yo soy el del medio, en Atlético Casares.

La forma en que salimos de ahí, hace cuatro años, fue digno de un cuento. Por una reestructuración fuimos cerca de 60 clubes esa ocasión, aunque con solo dos ascensos en juego. Después de una fase de grupos brillante y duelos eliminatorios para el infarto, llegamos a la final con Desamparados. Todavía me acuerdo esos dos goles en San Juan. Cada uno fue una puñalada a la ilusión. Un halcón se llevaba la comida, justo frente a nosotros.

Pero llegó el RCP (Reanimación cardiopulmonar) a nuestras esperanzas. El descenso de un indirectamente afiliado en la B Nacional derivó en la apertura de un tercer ascenso en el Federal B. Dos partidos a todo o nada con San Martín de Formosa, primero allá y después acá. Jamás voy a olvidar esos tres días más que agitados, el apoyo de la gente en Casares, la presión de no perder en el norte. La alegría, el fervor y la enorme movilización, cuando la suerte nos sonrió en los penales.

Jugar un Federal A era distinto a todo lo que vivimos. Era codearse con equipos históricos del fútbol nacional. Gimnasia y Esgrima de Mendoza, Gimnasia y Tiro de Salta. En lo personal, me impactaba pensar en que iba a jugar contra Alvarado en el José María Minella. Ese estadio que veía de chico, durante los torneos de verano. La piel se me eriza al recordar esa sensación, esas imágenes del pasado y el presente que ahora se superponían.

Si ascendimos entrando por la ventana, créanme que las etapas de ese torneo las pasamos por un ventiluz. ¿La primera fase? Nos salvó un empate de Ferro de Pico. ¿La segunda? Clasificamos al Pentagonal Final como mejor tercero. El grupo estaba bien, todos tirábamos para adelante. Pero faltaba algo, no sabíamos qué era. De igual forma, no importó. Ganamos tres de los cuatro duelos, quedando libres la última fecha.

Mi último gol en el Federal A, en el último partido en el Federal A (Foto: Orsai Casares)

Aún me acuerdo de ese día. Antes del mediodía todo el grupo ya estaba reunido en una casa, con asado de por medio. Cuando el reloj marcó las 12, prendimos la televisión y vimos atentos el partido de Gimnasia y Tiro contra Gimnasia de Mendoza. Los pondré en contexto: necesitábamos que los últimos del Pentagonal, que alineó muchos suplentes, no perdiera contra uno de los mejores equipos del torneo. Todos daban por sentada la victoria de los cuyanos; incluso ya se había dicho que el desempate contra nosotros sería en Córdoba. Mucha especulación para un increíble desenlace.

Tres días estuve sin voz, y no sé por cuál de todas las cosas de aquella tarde. El gol de los salteños, el pitido final que se traducía en nuestro ascenso, la caravana hasta la cancha, otra hasta el centro de la ciudad. Nunca vi tanta gente en las calles de Casares como aquella vez, jamás en toda mi vida.

Una imagen quedó grabada en mi cabeza. Aquel tractor rojo y verde al que decidí subirme, que pertenecía al hermano de un vecino que los coleccionaba. Por encima de todas las cabezas me acordé de mil y un cosas. Principalmente de mis padres, que no pudieron estar por trabajo (cierto, no les conté… ¡Se hicieron mega futboleros! Mi padre hasta me marcaba errores…). Pero también rememoré aquella pelota de mi niñez; el potrero; ese micro que iba y venía de Casares a Bellocq los viernes.

También recordé los trenes que dejé pasar. Sin embargo, me aferré fuerte a ese tractor, sin arrepentimientos. Después de todo, simbolizaba el vagón al que decidí subirme mucho tiempo atrás.

Mi tercer tren y yo.

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HISTORIAS DE VIDA

Mariano Moramarco, un DT que promete dar que hablar en el Interior

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Mariano Moramarco nació hace 39 años en la localidad de Roque Saenz Peña, Chaco. Fue futbolista y ahora se desempeña como DT en el ascenso.

 

Yo dejé de jugar a los 30 años, joven. En Morón fui compañero de Román Martínez, con quien hasta el día de hoy tengo contacto. Se notaba en sus principios que la iba a romper”, declaró.

 

Luego de colgar los botines, recibió el llamado de Fabián Nardozza, quien lo invitó a trabajar con él en su cuerpo técnico: “Ya me había recibido de director técnico porque desde que empecé a jugar, siempre supe que quería serlo. Acepté su invitación y trabajé 6 años siendo su ayudante de campo”, contó.

                                                               

Estudiantes de Caseros. Reconocimiento del campo de juego en Catamarca previo al duelo histórico frente a River Plate. 

Tras ascenso con Los Andes

 En ese transcurso, estuvo en Acassuso, Platense, Los Andes – logró el ascenso a la vieja B Nacional y mantuvo la categoría- y Estudiantes de Caseros, donde por Copa Argentina eliminó al River de Ramón Díaz, al Banfield de Matías Almeyda y al Defensa y Justicia de Miguel Almirón.

 

Posteriormente, se abrió y comenzó su propia carrera como entrenador, donde tuvo experiencia en Margarita FC –Segunda División de Venezuela- , San Miguel y Acassuso en la Primera B Metropolitana. Actualmente, tomó las riendas de Atenas de Río Cuarto.

 Margarita FC – Segunda división de Venezuela

San Miguel

Apenas mi representante, Hernán Narinsky, de la empresa Management Narinsky, me comentó la posibilidad de ir a Córdoba. Le dije que sí sin dudarlo porque me moviliza mucho el fútbol del Interior. Los equipos tienen una provincia atrás, son muy genuinos y apasionados. Es una plaza muy importante para todos los técnicos”, subrayó.

 

En relación a cómo atraviesa el párate futbolístico debido a la pandemia por coronavirus, explicó: “Miro muchísimo fútbol, desde partidos viejos de ligas de Argentina hasta algunas que ya arrancaron como la de Armenia, Costa Rica, Serbia, etc. Siempre se aprenden cosas nuevas. Soy un apasionado de mi trabajo, por eso trato de ir planificando entrenamientos, metodologías de juego y preparaciones físicas para luego brindarle todas mis herramientas a los jugadores con el fin de que exploten todas sus virtudes”.

 

Por último, se refirió a las características de sus equipos y sentenció: “Son muy ordenados e intensos, con disciplina táctica y que te van a correr los 94 o 95 minutos de juego. Me gusta el ataque directo y practico”. Y concluyó: “Valoro el profesionalismo, orden y humildad”.

 

Sin dudas, un técnico que con su juventud, sabiduría, fortaleza mental y hambre de gloria, promete dar que hablar en el fútbol del Interior.

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Murió Mauricio “El Turco” Hanuch, ex jugador de Olimpo y Talleres

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Mauricio Hanuch, reconocido exfutbolista con pasado en Olimpo y Talleres, falleció a los 43 años a causa de un cáncer de estómago. Ya había estado grave de salud hace diez años, cuando debió ser intervenido por una insuficiencia renal.

Hanuch, quien tras su retiro de la actividad profesional en 2009 se dedicaba a ser un nexo comercial entre jugadores argentinos y clubes portugueses, descubrió que tenía un tumor estomacal durante su estadía en el país luso el año pasado, en la cual cerraba los traspasos de Agustín Marchesín y Renzo Saravia al Porto. Regresó a la Argentina para operarse de urgencia. La intervención quirúrgica duró cerca de seis horas, en la que consiguieron extirparle el tumor pero que sin embargo, no pudo evitar que debiera someterse a la quimioterapia, de la cual no pudo sobreponerse.

A fines de 2010, debió ser sometido a un trasplante de riñón, tras sufrir una insuficiencia renal grave que provocó que funcionara al mínimo de sus posibilidades. El Turco recibió la donación que precisaba gracias a su hermana Yanina, cuyo órgano tenía el mayor grado de compatibilidad. Al culminar esa operación, el exmediocampista ofensivo se recuperó de tal modo que hasta hace poco tiempo después se animó a volver a jugar la pelota con sus afectos.

El exmediapunta, nacido en Ciudad Evita, tuvo un breve pero recordado paso por el Interior. Disputó la temporada 2003/2004 en Olimpo, en la cual aseguró la permanencia del equipo bahiense en Primera. Luego de esa experiencia en el Aurinegro, donde jugó 27 partidos y anotó dos goles, se marchó a Córdoba. Llegó a Talleres como uno de los refuerzos estelares tras el descenso de la T a la B Nacional en 2004 con la idea de poder retornar a la máxima categoría. No obstante, tan sólo estuvo en nueve encuentros y anotó apenas un tanto en ese primer semestre y el fideicomiso que gerenciaba al Tallarín de Barrio Jardín -había quebrado en diciembre de aquel año-, optó por rescindirle su contrato.

En nuestro país también lució las camisetas de Platense -donde debutó-, Independiente, Estudiantes de La Plata, Deportivo Morón. Defensores de Belgrano y Nueva Chicago. Su trayectoria incluyó también un periplo internacional ya que emigró para jugar en las ligas de Portugal (Sporting Lisboa y Santa Clara), España (Badajoz), Brasil (Río Branco) y Albania (Dinamo Tirana). Decidió colgar los botines en el Calamar de Saavedra, el club que resultó ser su segundo hogar y siempre lo cobijó como un hijo pródigo.

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